Venus entra en Tauro, placer inteligente

Encontrarse a sí, encontrarte como un Alicia frente al espejo es un ideal regulativo, una acción continua que podemos llevar a cabo conscientemente y llegar a puntos del camino en el que la luz de sol nos muestra un cuerpo que amamos, que conocemos y que nos sorprende por su novedad, por su alegría infantil, por todo lo que se atreve a hacer. Cuanto más nos busquemos, más se atreve a hacer ese cuerpo, buscarte es una fuerza física que mueve tus átomos. No hay un final para ello, somos puro cambio, pero hay lugares de reposo donde de pronto somos nuestro propio hogar.

Eso ha estado haciendo Venus en su marcha en retrógrado este úlltimo tiempo, jugando con nuestra capacidad creativa, nuestros mil espejos para reflejarnos, nuestras formas de querernos y susurrando la piel de serpiente que mudamos. ‘Esto ya no eres tu’. Un susurro que escuchamos con claridad queramos o no, porque este es el año de Plutón en acuario.

Este movimiento es spinoziano, como nos recuerdan siempre los astros, es colectivo, individual, atómico: vincular. Nos ha dejado en la extenuación, como nos agota todo tránsito que va a la raiz. Ahora Venus ha vuelto a su casa, vuelve a Tauro en un viaje ya no retrógrado, sino placentero, hogareño, tranquilo.

El movimiento entra en reposo, en descanso, en gustarse a sí mismo, sin dejar de ser movimiento, al fin y al cabo eso es lo que significa vibrar, vivir. Si es el espacio ahora del placer, ¿qué haremos con ello?

Propongo acercarnos a Epicuro, es un buen momento para ir a un jardín donde nadie te va a pedir que sepas geometría. Donde nadie te va a pedir que respondas al pensamiento de la academia, pero si que conozcas por ti, con tus ojos y tu forma de aprendizaje, todo lo que necesitas conocer para reflexionar sobre cómo alcanzar el máximo placer. Y el placer con Venus en Tauro implica una quietud creativa, ¿qué es realmente lo que te produce placer? Estamos programados a repetir patrones socio-político-culturales valorados económicamente en una pirámide de clases a la hora de buscar aquello que activa nuestro segundo chackra. Pero si sabemos que nuestra univocidad es infinita y nos pensamos de forma vincular, tendremos herramientas para desapegarnos de los anuncios, de los deseos preprogramados.

Como apunta Sara Torres, el deseo sexual puede resignificarse, los cuerpos que te producen ese deseo pueden ir más allá de lo que ahora mismo te dice tu imaginación, hace falta ese ejercicio de rebeldía de mostrar y escucharse, deconstruir y mirarse dentro. Y más allá del deseo sexual, como bien apuntaba Belén Gopegui, el sistema de trabajo en el que estamos la gran mayoría está construido para cansarnos mucho físicamente y con ello engancharnos a consumir como única opción al descanso.

Pero la magia de Tauro se parece mucho más al pequeño bote de queso que pedía Epicuro para un momento de calma que a una deglución soñolienta de Netflix y comida rápida.

Llevas semanas conociendo ese cambio en ti, ese movimiento que te ama, el movimiento es amor y amor a ti es amor al universo. ¿Qué puedes hacer ahora para ver el placer en ti? ¿Qué es hacer de ti tu propio hogar? ¿Qué hay que cambiar? ¿Qué es lo que ya tienes? Puede que el placer sea el silencio, puede que sea pintar monigotes, o mirar pájaros con anteojos. Puede que el placer sea leer un libro sin otro objetivo que leerlo. Puede que sea ayudar a la vecina, seguir manifestándonos por la liberación de Palestina, seguir luchando por la escuela pública, llamar a una amiga. Todo empieza con parar y reflexionar y ya sabes: la reflexión es un movimiento constante, es una amiga que va a crecer contigo, un lugar donde poder dormir tranquila.

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